El Divorcio
David salió del salón pegando un portazo. Andrea se quedó sola frente a sus padres sin saber qué decir; les acababan de comunicar que se divorciaban. Se quedó sentada en el sillón, agachó la cabeza y empezó a balancear las piernas nerviosa.
- Cariño, todo va a ir bien. Es lo mejor para todos - dijo su madre abrazándola fuerte. Esa misma noche su padre no durmió en casa, y eso no les hizo ninguna gracia a los niños.
- ¿Por qué se tiene que ir papá? ¿Es por nosotros? - dijo David enfadado.
- ¡No quiero que se marche! - gritó Andrea llorando.
- Vosotros no tenéis nada que ver en nuestra separación. Eso lo tenéis que tener muy claro. - les dijo su madre. - Es algo entre vuestro padre y yo. Nos seguimos queriendo pero no podemos seguir conviviendo porque discutimos mucho.
- ¿Y ahora tendremos dos casas? Los padres de mi amiga Laura están separados y viven en dos casas - dijo David.
- Y ahora que os vais a divorciar, ¿celebraré mi cumpleaños dos veces? - preguntó Andrea todavía hipando.
Al día siguiente fue su padre a buscarlos al colegio. Al llegar a casa se reunieron en el salón y hablaron.
- Vosotros vais a seguir viviendo aquí siempre. Seremos nosotros los que nos mudaremos cada quince días a otra casa. Podremos estar más tiempo con vosotros y no os causaremos tanto trastorno. - les dijo su padre.
- ¿Y dónde viviréis cuando no estéis en casa? - preguntó David preocupado.
- Yo iré a casa de los abuelos - dijo su madre.
- Yo he alquilado una casa muy cerca de aquí. En unos días os llevaré a verla - dijo su padre.
Y así fue como comenzaron una nueva vida. David estaba muy dolido con su padre pensando que les había abandonado, pero cuando pasaron dos semanas y fue a casa a vivir con ellos como les había prometido, aunque llevó muy mal que su madre se marchara, respiró tranquilo. La nueva casa de su padre les pillaba de camino al colegio. Además los sábados seguían yendo a comer a casa de sus abuelos y jugaban con sus primos como siempre habían hecho.
David y Andrea se fueron acostumbrando a la nueva situación, y aunque el divorcio de sus padres les cambió la vida no fue tan terrible como habían pensado.
Su padre y su madre ya no discutían, parecían más felices y les demostraban cada día lo mucho que los querían aunque no vivieran juntos.
Análisis:
¿Qué decisión han tomado los padres de Andrea y David?
¿Cómo se sienten los niños ante esta noticia?
¿Cómo va a cambiar la vida de estos niños?
¿Se consiguieron acostumbrar a la nueva situación?
¿Cómo veían los niños a sus padres con el paso del tiempo?
Los Mellizos
Oliver y Miriam eran hermanos mellizos. Físicamente tenían un gran parecido, pero en la manera de ser eran totalmente opuestos. Oliver era muy optimista y su hermana todo lo contrario. Oliver siempre buscaba una salida a todos los problemas y Miriam siempre se daba por vencida ante el menor contratiempo.
Una mañana, salieron los dos hermanos de casa jugando y bromeando entre ellos. Iban a casa de sus abuelos que vivían a la vuelta de la esquina. Era un día muy frío y lluvioso. Los dos iban felices con sus botas de agua nuevas. Se pararon ante un semáforo en rojo, y al pasar un coche por un charco, a pesar de llevar impermeables, les caló totalmente.
Los hermanos se miraron, y Oliver al ver a su hermana empapada y con cara de susto soltó una sonora carcajada.
- ¡Eres bobo! ¡No tiene ninguna gracia! - dijo Miriam a punto de llorar.
- ¡Vamos! ¡No te enfades! - dijo Oliver tirando de la mano de su hermana.
- ¿Pero qué os ha pasado? ¡Pasad, pasad! - dijo su abuela al verlos mojados.
Les mandó quitarse la ropa y se secaron con unas toallas.
- ¡Qué gustito estar seco! - exclamó Oliver mientras miraba a su hermana que aún seguía disgustada.
- Para que entréis en calor os voy a preparar un chocolate caliente - dijo el abuelo desde la cocina.
- ¡Bien! - gritó Oliver que le encantaba el chocolate que hacía su abuelo.
- ¿Ves? ¡No hay mal que por bien no venga! El abuelo no hubiera hecho el chocolate si no nos hubiéramos mojado - le dijo a su hermana guiñándole un ojo.
Tomaban el chocolate mientras veían en la televisión sus dibujos animados preferidos. De repente la pantalla se quedó en negro y dejó de funcionar.
- ¡Se ha roto! ¡Se acabó! Tendrán que comprar un televisor nuevo - dijo Miriam haciendo una mueca.
Oliver se levantó a dar la luz de la habitación justo cuando oyó al abuelo gritar desde la entrada:
- ¡Se ha ido la luz! ¡Seguramente será un momento! Voy a ver el cuadro eléctrico.
Y en dos minutos subió un interruptor y lo arregló enseguida. El televisor se encendió automáticamente, y Oliver miró a su hermana haciendo con sus dedos la uve de victoria.
- ¿Ves? ¡Arreglado! ¡No hay que ser tan pesimista! - dijo dispuesto a seguir saboreando el rico chocolate.
- A lo mejor se vuelve a ir la luz - fue la respuesta de Miriam.
- Pues si ocurre eso el abuelo lo volverá a arreglar - le dijo acercando su cara a la de ella poniéndose bizco. Y Miriam soltó una gran carcajada.
Análisis:
- ¿Cuál es la relación entre los dos niños protagonistas del cuento? ¿Cuáles son sus nombres?
- ¿Por qué se mojaron tanto?
- ¿Qué hicieron para entrar en calor en casa?
- ¿Cuál fue el segundo problema que les ocurrió?
- ¿Cómo reaccionó cada uno de los niños ante este problema?
Cuando Rebeca salió a jugar al parque con sus hermanos, no pensó ni por un segundo que pudiera acabar el día así. Subió en todos los columpios, jugó a la pelota, bajó por el tobogán varias veces y lo pasó muy bien.
- ¡Ya es hora de volver a casa! - dijo su madre a los tres niños.
Los tres hermanos acudieron a la llamada de su madre. Rebeca montó en su bicicleta y empezó a pedalear delante de todos.
- ¡¿Qué te ha pasado?! - gritó la madre, asustada, cuando vio a la niña en el suelo.
Corrió enseguida en su ayuda. Rebeca lloraba y no quería que nadie la tocara. Tenía sangre en el brazo y se quejaba dolorida.
En pocos segundos la ambulancia se presentó allí. Los curiosos se arremolinaron para ver lo que había sucedido, y sus hermanos miraban asustados. Dijeron que tenía el brazo roto y había que llevarla al hospital inmediatamente. Cuando se despertó estaba en la cama de un hospital. Su madre le acarició la cara y le dijo:
- Te has roto el cúbito, un hueso del brazo. Te han tenido que operar - dijo tocándose para señalarle dónde se encontraba el hueso - ¿Te duele?
- Un poco - contestó Rebeca todavía atontada por la anestesia.
- Tendremos que estar aquí unos días y luego te mandarán a casa con la escayola.
Al día siguiente fueron sus dos hermanos a verla. En un momento que su padre salió al pasillo para hablar por teléfono, Julen, su hermano mayor, sacó a Bolita, su hámster, del bolsillo de su pantalón. Lo dejaron corretear unos minutos por el brazo de la niña y, de repente, Bolita se hizo pis dejando un reguero amarillo en la escayola. Los tres rieron divertidos.
La enfermera no vio al hámster por unos segundos:
- ¿Son tus hermanos? - preguntó distraída, sin fijarse en la escayola, mientras le ponía el termómetro.
A los pocos días, como le habían dicho, Rebeca volvió a casa escayolada. Como ya no le dolía empezó a sentirse la protagonista.
- Ha sido el brazo derecho - le contaba a su amiga - ¡Menos mal que soy zurda!
- Me he roto el cúbito. Es el hueso que está al lado del radio. El otro es el húmero - contaba aprendida la lección de los huesos del brazo.
Pronto comenzó a recibir visitas de sus amigos del colegio.
- ¿Me dejas hacerte un dibujo en la escayola? - dijo Carlos.
Al poco tiempo su escayola lucía con todas las firmas y coloridos dibujos de sus compañeros. Bolita volvió a hacerse pis, pero esta vez casi no se notó.
Rebeca se sintió muy importante esos días. Todo el mundo le preguntaba cómo se sentía, le prestaban ayuda, y eran amables con ella. Aunque lo pasó mal y tuvo que hacer rehabilitación, su brazo quedó bien.
Tuvo mucha suerte.
- ¿Cómo se llama la protagonista del cuento?
- ¿Por qué la tuvieron que operar?
- ¿Te acuerdas qué hueso se ha roto?
- ¿Sus amigos y hermanos dejaron que la niña estuviera sola mientras tuvo la fractura?



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